Diciembre 28 - Santo Tomás Becket - Reliquary of Thomas Becket, Relicario de Santo Tomás Becket



Reliquary of Thomas Becket

1180s
Champlevé enamel, 28 x 39 x 12 cm
British Museum, London

In 1170 four knights, acting on behalf of King Henry II, assassinated Thomas Becket, Archbishop of Canterbury, in Canterbury cathedral. The action was universally condemned and Henry was forced to do penance. Within a short period miraculous events had came to be associated with Becket's grave, and he was made a saint three years later, after which his relics were distributed throughout Europe. At least thirty-two caskets were made in precious Limoges enamel to house them.

The picture shows one of the earliest caskets depicting Becket's murder while celebrating mass, his burial, and the ascent of his soul into heaven.

Nacimiento de Jesús

Birth of Jesus 1424
Panel, 99 x 89 cm
Kunsthalle, Hamburg

The picture shows a detail of the St Thomas Altarpiece.

Master Francke was a German painter. His major surviving work is the altarpiece for the guild of merchants trading with England, showing Passion scenes and incidents from the life of St Thomas Becket. The surviving panels of the St Thomas Becket Altar are characterized above all by the graphic vividness with which the soldiers are depicted, the barrenness of the rocky landscape, and the powerful overlapping with which Francke lends his narratives a whole new sense of drama. The red ground studded with gold stars is already familiar to us from the Master of Trebon.

As appropriate to its theme, the Nativity is the most lyrical and tender panel of the altar. Despite its gracefulness and its predominantly pale skin tone, typical of the day, Mary's head is relatively broad and heavy. Contributing in no small way to the popularity of the altar was the extraordinarily rich and gentle, almost park-like landscape present in the surviving panels; the fore- ground, however, is here sandy, bare and unwelcoming.

Comentario de San Quodvultdeus, Mateo 2,13-18: Herodes mandó matar a todos los niños en Belén..


Comenta San Quodvultdeus:

«Nace un niño pequeño, que es un gran Rey. Los magos son atraídos desde lejos; vienen a adorar al que todavía yace en el pesebre, pero que reina al mismo tiempo en el cielo y en la tierra. Cuando los magos le anuncian a Herodes que ha nacido un Rey, él se turba, y para no perder su reinado, lo quiere matar. Si hubiera creído en Él, estaría seguro en la tierra y reinaría sin fin en la otra vida.

«“¿Qué temes, Herodes, al oír que ha nacido un Rey? Él no ha venido a expulsarte a ti, sino para vencer al Maligno. Pero tú no entiendes estas cosas, y por ello te turbas y te enfureces, y, para que no escape el que buscas, te muestras cruel, dando muerte a tantos niños. Ni el dolor de las madres que gimen, ni el lamento de los padres por la muerte de sus hijos, ni los quejidos y los gemidos de los niños te hacen desistir de tu propósito. Matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón”…

«Los niños sin saberlo, mueren por Cristo; los padres hacen duelo por los mártires. Cristo ha hecho dignos testigos suyos a los que todavía no podían hablar. He aquí de qué manera reina el que ha venido para reinar. He aquí que el libertador concede libertad y el salvador da la salvación… ¡Oh gran don de la gracia! ¿De quién son los merecimientos para que triunfen así los niños? Todavía no hablan, y ya confiesan a Cristo. Todavía no pueden entablar batalla, valiéndose de sus propios miembros, y ya consiguen la palma de la victoria» (Sermón 2, sobre el Símbolo).

http://www.gratisdate.org/fr-textos.htm

Sobre la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo por San Cirilo de Alejandría, obispo (Libro 5, cap. 2: PG 73, 751-754)

1440-41
Fresco, 193 x 164 cm
Convento di San Marco, Florence

Cuando el Creador del universo decidió restaurar todas las cosas en Cristo, dentro del más maravilloso orden y devolver a su anterior estado la naturaleza del hombre, prometió que, al mismo tiempo que los restantes bienes, le otorgaría también ampliamente el Espíritu Santo, ya que de otro modo no podría verse reintegrado a la pacífica y estable posesión de aquellos bienes.

Determinó, por tanto, el tiempo en que el Espíritu Santo habría de descender hasta nosotros, a saber, el del advenimiento de Cristo, y lo prometió al decir: En aquellos días -se refiere a los del Salvador- derramaré mi Espíritu sobre toda carne.

Y cuando el tiempo de tan gran munificencia y libertad produjo para todos al Unigénito encarnado en el Mundo, como hombre nacido de mujer, -de acuerdo con la divina Escritura-, Dios Padre otorgó a su vez el Espíritu, y Cristo, como primicia de la naturaleza renovada, fue el primero que lo recibió. Y esto fue lo que atestiguó Juan Bautista cuando dijo: He contemplado al Espíritu que bajaba del cielo y se posó sobre él.

Decimos que Cristo, por su parte, recibió el Espíritu, en cuanto se había hecho hombre, y en cuanto convenía que el hombre lo recibiera; y, aunque es el Hijo de Dios Padre, engendrado de su misma substancia, incluso antes de la encarnación -más aún, antes de todos los siglos-, no se da por ofendido de que el Padre te diga, después que se hizo hombre: Tú eres mi Hijo: yo te he engendrado hoy.

Dice haber engendrado hoy a quien era Dios, engendrado de él mismo desde antes de los siglos, a fin de recibirnos por su medio como hijos adoptivos; pues en Cristo, en cuanto hombre, se encuentra significada toda la naturaleza: y así también el Padre, que posee su propio Espíritu, se dice que se lo otorga a su Hijo, para que nosotros nos beneficiemos del Espíritu en él. Por esta causa perteneció a la descendencia de Abrahán, como está escrito, y se asemejó en todo a sus hermanos.

De manera que el Hijo unigénito recibe el Espíritu Santo no para sí mismo -pues es suyo, habita en él, y por su medio se comunica, como ya dijimos antes-, sino para instaurar y restituir a su integridad a la naturaleza entera, ya que, al haberse hecho hombre, la poseía en su totalidad. Puede, por tanto, entenderse- si es que queremos usar nuestra recta razón, así como los testimonios de la Escritura- que Cristo no recibió el Espíritu para sí, sino más bien para nosotros en sí mismo: pues por su medio nos vienen todos los bienes...

Del Comentario de San Cirilo de Alejandría, obispo, sobre el evangelio de san Juan (Libro 5, cap. 2: PG 73, 751-754)


ZENIT - Benedicto XVI presenta a San Isidoro de Sevilla

ZENIT - Benedicto XVI presenta a san Isidoro de Sevilla

CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 18 junio 2008 (ZENIT.org).- Publicamos la intervención de Benedicto XVI durante la audiencia general de este miércoles dedicada a san Isidoro de Sevilla.

* * *

Queridos hermanos y hermanas:

Hoy quisiera hablar de san Isidoro de Sevilla: era hermano menor de Leandro, obispo de Sevilla, y gran amigo del Papa Gregorio Magno. Esta observación es importante, pues constituye un elemento cultural y espiritual indispensable para comprender la personalidad de Isidoro. En efecto, le debe mucho a Leandro, persona muy exigente, estudiosa y austera, que había creado en torno a su hermano menor un contexto familiar caracterizado por las exigencias ascéticas propias de un monje y por los ritmos de trabajo exigidos por una seria entrega al estudio. Además, Leandro se había preocupado por disponer lo necesario para afrontar la situación político-social del momento: en aquellas décadas los visigodos, bárbaros y arianos, habían invadido la península ibérica y se habían adueñado de los territorios que pertenecían al Imperio Romano. Era necesario conquistarlos a la romanidad y al catolicismo. La casa de Leandro y de Isidoro contaba con una biblioteca sumamente rica de obras clásicas, paganas y cristianas. Isidoro, que sentía la atracción tanto de unas como de otras, aprendió bajo la responsabilidad de su hermano mayor una disciplina férrea para dedicarse a su estudio, con discernimiento.

En la sede episcopal de Sevilla se vivía, por tanto, en un clima sereno y abierto. Lo podemos deducir a partir de los intereses culturales y espirituales de Isidoro, tal y como emergen de sus mismas obras, que comprenden un conocimiento enciclopédico de la cultura clásica pagana y un conocimiento profundo de la cultura cristiana. De este modo se explica el eclecticismo que caracteriza la producción literaria de Isidoro, el cual pasa con suma facilidad de Marcial a Agustín, de Cicerón a Gregorio Magno. La lucha interior que tuvo que afrontar el joven Isidoro, que se convirtió en sucesor del hermano Leandro en la cátedra episcopal de Sevilla, en el año 599, no fue ni mucho menos fácil. Quizá se debe a esta lucha constante consigo mismo la impresión de un exceso de voluntarismo que se percibe leyendo las obras de este gran autor, considerado como el último de los padres cristianos de la antigüedad. Pocos años después de su muerte, que tuvo lugar en el año 636, el Concilio de Toledo (653) le definió: "Ilustre maestro de nuestra época, y gloria de la Iglesia católica".

Isidoro fue, sin duda, un hombre de contraposiciones dialécticas acentuadas. E incluso, en su vida personal, experimentó un conflicto interior permanente, sumamente parecido al que ya habían vivido san Gregorio Magno y san Agustín, entre el deseo de soledad, para dedicarse únicamente a la meditación de la Palabra de Dios, y las exigencias de la caridad hacia los hermanos de cuya salvación se sentía encargado, como obispo. Por ejemplo, sobre los responsables de la Iglesia escribe: "El responsable de una Iglesia (vir ecclesiasticus) por una parte tiene que dejarse crucificar al mundo con la mortificación de la carne, y por otra, tiene que aceptar la decisión del orden eclesiástico, cuando procede de la voluntad de Dios, de dedicarse al gobierno con humildad, aunque no quisiera hacerlo" (Libro de las Sentencias III, 33, 1: PL 83, col. 705 B).

Y añade un párrafo después: "Los hombres de Dios (sancti viri) no desean ni mucho menos dedicarse a las cosas seculares y gimen cuando, por un misterioso designio divino, se les encargan ciertas responsabilidades... Hacen todo lo posible para evitarlas, pero aceptan aquello que no quisieran y hacen lo que habrían querido evitar. Entran así en el secreto del corazón y allí, adentro, tratan de comprender qué es lo que les pide la misteriosa voluntad de Dios. Y cuando se dan cuenta de que tienen que someterse a los designios de Dios, agachan la cabeza del corazón bajo el yugo de la decisión divina" (Libro de las Sentencias III, 33, 3: PL 83, col. 705-706).

Para comprender mejor a Isidoro es necesario recordar, ante todo, la complejidad de las situaciones políticas de su tiempo, que antes mencionaba: durante los años de la niñez había tenido que experimentar la amargura del exilio. A pesar de ello, estaba lleno de entusiasmo: experimentaba la pasión de contribuir a la formación de un pueblo que encontraba finalmente su unidad, tanto a nivel político como religioso, con la conversión providencial del heredero al trono, el visigodo Ermenegildo, del arrianismo a la fe católica.

Sin embargo, no hay que minusvalorar la enorme dificultad que supone afrontar de manera adecuada los problemas sumamente graves, como los de las relaciones con los herejes y con los judíos. Toda una serie de problemas que resultan también hoy muy concretos, si pensamos en lo que sucede en algunas regiones donde parecen replantearse situaciones muy parecidas a las de la península ibérica del siglo VI. La riqueza de los conocimientos culturales de que disponía Idisodoro le permitía confrontar continuamente la novedad cristiana con la herencia clásica grecorromana. Más que el don precioso de la síntesis, parece que tenía el de la collatio,es decir, la recopilación, que se expresaba en una extraordinaria erudición personal, no siempre tan ordenada como se hubiera podido desear.

En todo caso, hay que admirar su preocupación por no dejar de lado nada de lo que la experiencia humana produjo en la historia de su patria y del mundo. No hubiera querido perder nada de lo que el ser humano aprendió en las épocas antiguas, ya fueran éstas paganas, judías o cristianas. Por tanto, no debe sorprender el que, al perseguir este objetivo, no lograra transmitir adecuadamente, como él hubiera querido, los conocimientos que poseía, a través de las aguas purificadoras de la fe cristiana. Sin embargo, según las intenciones de Isidoro, las propuestas que presenta siempre están en sintonía con la fe católica, defendida por él con firmeza. Percibe la complejidad en la discusión de los problemas teológicos y propone a menudo, con agudeza, soluciones que recogen y expresan la verdad cristiana completa. Esto ha permitido a creyentes a través de los siglos hasta nuestros días servirse con gratitud de sus definiciones.

Un ejemplo significativo en este sentido es la enseñanza de Isidoro sobre las relaciones entre vida activa y vida contemplativa. Escribe: "Quienes tratan de lograr el descanso de la contemplación tienen que entrenarse antes en el estadio de la vida activa; de este modo, liberados de los residuos del pecado, serán capaces de presentar ese corazón puro que permite ver a Dios" (Diferencias II, 34, 133: PL 83, col 91A).

El realismo de auténtico pastor le convence del riesgo que corren los fieles de vivir una vida reducida a una sola dimensión. Por este motivo, añade: "El camino intermedio, compuesto por una y otra forma de vida, resulta normalmente el más útil para resolver esas cuestiones, que con frecuencia se agudizan con la opción por un sólo tipo de vida; sin embargo, son mejor moderadas por una alternancia de las dos formas" (o.c., 134: ivi, col 91B).

Isidoro busca la confirmación definitiva de una orientación adecuada de vida en el ejemplo de Cristo y dice: "El Salvador Jesús nos ofreció el ejemplo de la vida activa, cuando durante el día se dedicaba a ofrecer signos y milagros en la ciudad, pero mostró la vida contemplativa cuando se retiraba a la montaña y pasaba la noche dedicado a la oración" (o.c. 134: ivi). A la luz de este ejemplo del divino Maestro, Isidoro ofrece esta precisa enseñanza moral: "Por este motivo, el siervo de Dios, imitando a Cristo, debe dedicarse a la contemplación, sin negarse a la vida activa. Comportarse de otra manera no sería justo. De hecho, así como hay que amar a Dios con la contemplación, también hay que amar al prójimo con la acción. Es imposible, por tanto, vivir sin una ni otra forma de vida, ni es posible amar si no se hace la experiencia tanto de una como de otra" (o.c., 135: ivi, col 91C).

Considero que esta es la síntesis de una vida que busca la contemplación de Dios, el diálogo con Dios en la oración y en la lectura de la Sagrada Escritura, así como la acción al servicio de la comunidad humana y del prójimo. Esta síntesis es la lección que nos deja el gran obispo de Sevilla a los cristianos de hoy, llamados a testimoniar a Cristo al inicio del nuevo milenio...

[Traducción del original italiano realizada por Jesús Colina

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana]



San Martín de Tours




"The young knight at the town-gate of Amiens cuts his cloak in two and gives half of it to a beggar..."



"The Bishop, having given his clothes to a needy man, celebrates mass in poor, hastily acquired garments. At the elevation of the Host angels descend to cover his bare arms..."


ORACIÓN POR LOS SACERDOTES, Del Cardenal Mundelein, Arzobispo de Chicago


V. J.

Omnipotente y eterno Dios, dígnate mirar el rostro de tu Cristo, el eterno Sumo Sacerdote y por amor a Él, ten piedad de tus sacerdotes.

Recuerda, oh Dios misericordioso, que no son sino débiles y frágiles criaturas. Mantén vivo en ellos el fuego de tu amor. Guárdalos junto a Tí para que enemigo no prevalezca contra ellos y para que en ningún momento sean indignos de su sublime vocación.

¡Oh Jesús!, te ruego por tus fieles y fervorosos sacerdotes que trabajan cerca o en lejanas misiones, por tus sacerdotes que sufren tentación; por tus sacerdotes que sufren soledad y desolación; por tus jóvenes sacerdotes, por tus ancianos sacerdotes; por tus sacerdotes enfermos, por tus sacerdotes agonizantes, por las almas de tus sacerdotes que padecen en el Purgatorio.

Pero, sobre todo, te encomiendo a los sacerdotes que me son más queridos: al sacerdote que me bautizó, al que me absolvió de mis pecados; a los sacerdotes a cuyas Misas he asistido y que me dieron tu Cuerpo y Sangre en la Sagrada Comunión; a los sacerdotes que me enseñaron e instruyeron, me alentaron y aconsejaron; a todos los sacerdotes a quienes me liga una deuda de gratitud.

¡Oh Jesús! guárdalos a todos junto a tu Corazón y concédeles abundantes bendiciones en el tiempo y en la eternidad.

Así sea.

(100 días de indulgencia)


De un impreso distribuido por La Visitación, Panamá Rep. de Panamá

Otterlo Rijksmuseum Kröller-Müller, VANITAS


Vanitas Still-Life


Oil on wood, 61x51cm
Rijksmuseum Kröller-Müller, Otterlo

This still-life painting is on the back of the portrait of Jane-Loyse Tissier.





vanitas (Lat. "emptiness")

A painting (or element in painting) that acts as a reminder of the inevitabiliry of death, and the pointlessness of earthly ambitions and achievements. Common vanitas-symbols include skulls, guttering candles, hour-glasses and clocks, overturned vessels, and even flowers (which will soon fade). The vanitas theme became popular during the Baroque, with the vanitas still life flourishing in Dutch art.

http://www.wga.hu : The Web Gallery of Art is a virtual museum and searchable database of European painting and sculpture from 11th to mid-19th centuries.

Santos Cosme y Damián


















Santos Cosme y Damián

Cristianos primitivos, médicos y mártires cuya fiesta se celebra el 27 de septiembre. Eran gemelos, nacidos en Arabia, y practicaban el arte de curar en el puerto Ægea, ahora Ayash (Ajass), en el Golfo de Iskanderun en Cilicia, Asia Menor, y alcanzaron una gran reputación. No aceptaban paga por sus servicios y fueron, por lo tanto, llamados Anargyroi, "los sin plata". De esta manera, llevaron a muchos a la Fe Católica. Cuando comenzó la persecución de Diocleciano, el Prefecto Lisias había detenido a Cosme y Damián, y les ordenó que se retractaran. Se mantuvieron constantes bajo tortura, de una manera milagrosa no sufrieron lesiones de agua, fuego, aire, ni en la cruz, y fueron decapitados por último, con espada. Sus tres hermanos, Antimo, Leoncio y Euprepio murieron como mártires con ellos. La ejecución se llevó a cabo 27 de septiembre, probablemente en el año 287. En una fecha posterior una serie de fábulas crecieron acerca de ellos, relacionadas en parte con sus reliquias. Los restos de los mártires fueron enterrados en la ciudad de Ciro en Siria, el emperador Justiniano I (527-565) suntuosamente restauró la ciudad en su honor. Después de haber sido curado de una grave enfermedad por la intercesión de Cosme y Damián, Justiniano, en agradecimiento por su ayuda, reconstruyó y adornó su iglesia en Constantinopla, y se convirtió en un lugar de peregrinación. En Roma el Papa Félix IV (526 a 530) erigió una iglesia en su honor, los mosaicos de la cual se encuentran aún entre el arte más valiosos de los restos de la ciudad. La Iglesia griega celebra la fiesta de los Santos Cosme y Damián el 1 de julio, 17 de octubre, y 1 de noviembre, y venera a tres pares de santos del mismo nombre y profesión. Cosme y Damián son considerados como los patronos de los médicos y cirujanos y son a veces representadas con emblemas médicos. Se invocan en el Canon de la Misa y en las letanías de los santos.

Fuentes Acta SS, 27 de septiembre;. Schleyer en Kirchenlex;. ALOIS, Das Leben und Wirken d. hl. Cosmas und Aerzte Damián, der Patrone (Viena, 1876); Deubner, Kosmas und Damian (Leipzig, 1907).

ST. MICHAEL DRAWING by DANIEL MITSUI

"Here is something unlike anything I've drawn previously. This ink drawing (with gold leaf details) of St. Michael fighting the devil was commissioned by a priest of the Maryknoll Missionaries, an order with a long history of missionary activity in Japan. He asked whether I thought it possible to create an image of the archangel in the style of traditional Japanese art without the result being kitsch..."

Un trabajo hermoso sin duda, vean más de este magnífico artista en su sitio web:


La Sabiduría del Desierto, Henri Nouwen y Yushi Nomura

A mi difunto padre, un hijo del Samurai,
de quien heredé el sentido de la tradición,
y a mi madre,
que con su estilo de vida
me introdujo en la fe cristiana.

"Estas historias y dichos de los hermitaños cristianos de los siglos IV y V en Egipto tienen un lugar insustituible en la tradición cristiana. Han sido una fuente de inspiración para el movimiento monástico occidental a través de su historia y son considerados por los estudiosos uno de los grupos de documentos importantes entre los escritos del cristianismo primitivo. A diferencia de otros, hoy todavía no se conocen demaciado. Con el anhelo de transmitir su riqueza única a un público más amplio, seleccioné y traduje estas historias de los textos en latín y en griego, y visualmente los he interpretado con pincel y tinta japoneses."

(Dedicatoria y prefacio del autor Yushi Nomura)
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SANTA MARÍA, AYUDANOS

Santa María, socorred a los menesterosos, ayudad a los pusilánimes, confortad a los que lloran, rogad por el pueblo, intervenid en favor del clero, interceded por las mujeres consagradas con voto a Dios; experimenten vuestro auxilio todos cuantos celebran vuestra santa conmemoración.

Indulgencia de tres años. Indulgencia plenaria en las condiciones de costumbre rezándola durante todos los días de un mes (S. Paen. Ap., 29-V-1936.)

Mocking of Christ, ANGELICO, Fra (b. ca. 1400, Vicchio nell Mugello, d. 1455, Roma)


This is the fresco on the wall of Cell 7 of the Convento di San Marco in Florence.

The contemplative restraint of the San Marco frescoes is nowhere better illustrated than in The Mocking of Christ. Rather than paint Christ's humiliations in their full violence in a complex narrative work, they are reduced to a series of iconographic symbols. In doing this Angelico was drawing on established trecento precedents.

In a plain-walled room Christ sits on a dais in a luminous white robe and tunic. The great slab of white marble beneath Him adds to the air of radiant whiteness surrounding Him. He is blindfolded, with a crown of thorns about his head. Behind Him hanging from a plain frieze is a screen on which are painted the emblems of his indignities: the head of the spitting soldier, the hands of the buffeters, the hand and stick forcing the thorns down on his head. On a low step at the front of the picture sit the Virgin and St Dominic. Neither regard Christ but sit with their backs turned towards him in poses of intense meditation - the depth of meditation that the frescoes were designed to assist each friar to attain.

Fra Angelico was assisted by Benozzo Gozzoli in the execution of this fresco.

A LA MADRE DE LA SABIDURÍA DIVINA


Oh Santísima Virgen María, que engendraste a Jesús Salvador, e infundiste al mundo la Luz eterna; oh Madre de la Divina Sabiduría, cuya piadosa intercesión alcanzó que innumerables inteligencias incultas e ignorantes progresasen en la ciencia y piedad, yo te elijo por guía y patrona de mis estudio.
Por tu intercesión, oh Madre de los buenos estudios, el Espíritu Santo llene mi alma de luz y fortaleza, prudencia y humildad; me inspire voluntad recta, inteligencia, memoria, facilidad suficiente, docilidad en particular de la mente y el corazón para que en todo, según los consejos de la Divina Sabiduría, pueda prosperar.
Defiéndeme, oh buena Madre, contra el espíritu de soberbia, de presunción, de vana curiosidad e inconstancia; presérvame de todo escándalo, de todo error, de todos los que puedan corromper mi fe, turbar la lucidez del entendimiento, la pureza del corazón, la paz de mi alma.
Te pido, oh María, que, bajo tu patrocinio, siempre sumiso a las direcciones y doctrinas de la Santa Iglesia, mi madre, pueda con seguridad, ahinco y constancia avanzar por el camino de la verdad y de la virtud, y finalmente llegar al conocimiento, amor y eterna posesión de Jesucristo e Hijo tuyo. Amén.

Indulgencia de 500 día (S. Paen. Ap., 18-IX-1933)

ASS Ianuarii I 248 - La vida es un viaje por el mar

El abad Matoes comenta un pasaje de una famosa Santa llamada Sinclética:

"La vida presente es semejante a un viaje por mar. Nosotros los monjes viajamos por un mar apacible, la gente del mundo por un mar borrascoso. Nosotros andamos en pleno día, a la luz del sol de justicia; ellos al azar, como en plena noche. Pero sucede a menudo que el hombre del mundo que navega en la oscuridad logra, a trueque de vigilancia y gritos de alarma, llevar a buen puerto su embarcación, al paso que a nosotros la placidez de la travesía tiende a llenarnos de excesiva confianza, y no pocas veces nos empuja hacia la negligencia y finalmente al naufragio, por haber abandonado el timón de la humildad"

Historia de los Monjes, Arcediano Timoteo de Alejandría. --Trad. Rufino de Aquileya (siglo IV)

En cierta ocasión San Pafnucio, el famosos anacoreta de la Tebaida, tuvo la curiosidad de saber a qué grado de santidad había llegado, y a este propósito pidió a Dios le manifestara a qué santo se parecía. Un ángel le respondió que era semejante a un músico callejero que con su arte se ganaba la vida en la vecina aldea. Pafnucio quiso conocer a su rival en santidad y, al encontrarlo, le preguntó qué buenas obras había realizado. El otro le respondió que había sido un gran pecador, había llevado una vida escandalosa, y luego, al abandonar su vida de bandolero, había escogido la mísera profesión que a la sazón ejercía. Apremiado a preguntas de Pafnucio, el músico al fin declaró que mientras estaba dedicado al robo, arrancó de las garras de su compañero de fechorías a una virgen dedicada al Señor, y en otra ocasión dio a una pobre mujer, que tenía esposo e hijos en la cárcel, el dinero suficiente para ponerlos en libertad. Conmovido por la apacible magnanimidad del pobre músico, Pafnucio se lo llevó al desierto, en donde después de tres años de vida ascética murió como un santo.
Estimulado con su ejemplo, Pafnucio hizo grandes progresos en la vía ascética. Y entonces de nuevo se le ocurrió preguntar a Dios a quién de la tierra era semejante. Se le dio de respuesta que se parecía a un padre de familia que habitaba en la aldea vecina. El Santo anacoreta no tardó en visitarle, y si encontró con un hombre casado que desde hacía treinta años vivía con su mujer en estado de continencia, y practicaba la justicia, la bondad y la hospitalidad. Poco costó a Pafnucio llevárselo al desierto.
Este nuevo compañero fue para Pafnucio nueva ocasión de santificarse más, y cuando la muerte se lo arrebató lleno de méritos, el santo anacoreta pidió por tercera vez a Dios que le diera a conocer a quién de los hombres era semejante. Tu eres semejante, fue la respuesta, a un comerciante que vas a encontrar. Pasada una hora y cuando Pafnucio bajaba del monte, se encontró con un comerciante de Alejandría, que con tres navíos llenos de víveres y limosnas había venido para socorrer a los monjes. El comerciante corrió la misma suerte de los dos anteriores.
Ahora bien: encontrándose Pafnucio en su lecho de muerte dijo a los sacerdotes que habían venido a visitarle: En este mundo no se puede despreciar a nadie, aunque sea bandolero, juglar o campesino; no importa si es casado, o si se dedica a los negocios o la comercio, puesto que no hay en esta vida ningún estado en el cual no se encuentren almas agradables a Dios, que ocultamente se dedican a practicar obras que satisfacen a Dios, lo que demuestra que no es la profesión que se ha abrazado ni el aspecto del vestido lo que agrada a Dios sino la pureza de corazón y la rectitud en el obrar.

Sobre la locura la felicidad y el amor... un día cualquiera en el supermercado




JQ: "Yo creo que para pasarla bien hay que portarse mal; porque al final lo correcto se convierte en rutina y la rutina en aburrimiento"
DEG: "Yo no pienso igual. Más bien la alegría verdadera está en el AMOR y amar es hallar paz aún en medio del dolor; si eres capaz de esto será fácil reír siempre y encontrar una nueva aventura cada vez..."

Credo ut intelligam


La VERDAD no se inventa se busca... Y cuando la encuentras LA ABRAZAS CON TODO EL CORAZÓN

Arte Colonial


Hermosa imagen colonial: San José sostiene al Divino Infante; ambos coronados.

Esta imagen era propiedad de Monseñor Marcos Gregorio McGrath q.e.p.d.

Reposa la estatuilla en la casa de las Misioneras Catequístas de La Medalla Milagrosa (Juan Días)

"San José tu poder se extiende sobre todas nuestras necesidades, tu sabes hacer posible lo que parece imposible, protege con paternal amor nuestros intereses."


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SAN PIO X

CCLVII Papa

Martirologio Romano: Memoria del papa san Pío X, que fue sucesivamente sacerdote con cargo parroquial, obispo de Mantua y después patriarca de Venecia. Finalmente, elegido Sumo Pontífice, adoptó una forma de gobierno dirigida a instaurar todas las cosas en Cristo, que llevó a cabo con sencillez de ánimo, pobreza y fortaleza, promoviendo entre los fieles la vida cristiana por la participación en la Eucaristía, la dignidad de la sagrada liturgia y la integridad de la doctrina (1914).
Fiesta 21 de agosto


LA HUMILDAD

Libres en la verdad de la humildad

Derivada de la templanza, la humildad es la virtud que modera el deseo desordenado de la propia excelencia, dándonos un conocimiento verdadero de nosotros mismos, principalmente ante Dios, pero también ante los hombres. Por la humildad el hombre conoce su propias cualidades, pero reconoce también su condición de criatura limitada, y de pecador lleno de culpas. Ella no permite, pues, ni falsos encogimientos ni engañosas pretensiones. El que se tiene a sí mismo en menos o en más de lo que realmente es y puede, no es perfectamente humilde, pues no tiene verdadero conocimiento de sí mismo. La humildad nos guarda en la verdad. Pero además nos libra de muchos males...

Fragmento de:

Síntesis de espiritualidad católica -

José Rivera,

José María Iraburu

http://www.gratisdate.org/nuevas/sintesis/index.htm

San Antonio de Padua, BENEDICTO XVI, AUDIENCIA GENERAL 10 de febrero de 2010

Queridos hermanos y hermanas:

Hace dos semanas presenté la figura de san Francisco de Asís. Esta mañana quiero hablar de otro santo perteneciente a la primera generación de los Frailes Menores: san Antonio de Padua o, como también se le suele llamar, de Lisboa, refiriéndose a su ciudad natal. Se trata de uno de los santos más populares de toda la Iglesia católica, venerado no sólo en Padua, donde se erigió una basílica espléndida que recoge sus restos mortales, sino en todo el mundo. Los fieles estiman las imágenes y las estatuas que lo representan con el lirio, símbolo de su pureza, o con el Niño Jesús en brazos, recordando una milagrosa aparición mencionada por algunas fuentes literarias. San Antonio contribuyó de modo significativo al desarrollo de la espiritualidad franciscana, con sus extraordinarias dotes de inteligencia, de equilibrio, de celo apostólico y, principalmente, de fervor místico.

Nació en Lisboa, en una familia noble, alrededor de 1195, y fue bautizado con el nombre de Fernando. Entró en los Canónigos que seguían la Regla monástica de san Agustín, primero en el monasterio de San Vicente en Lisboa y, sucesivamente, en el de la Santa Cruz en Coimbra, célebre centro cultural de Portugal. Se dedicó con interés y solicitud al estudio de la Biblia y de los Padres de la Iglesia, adquiriendo la ciencia teológica que utilizó en la actividad de enseñanza y de predicación. En Coimbra tuvo lugar el episodio que imprimió un viraje decisivo a su vida: allí, en 1220 se expusieron las reliquias de los primeros cinco misioneros franciscanos, que habían ido a Marruecos, donde habían sufrido el martirio. Su testimonio hizo nacer en el joven Fernando el deseo de imitarlos y de avanzar por el camino de la perfección cristiana: pidió dejar los Canónigos agustinos y hacerse Fraile Menor. Su petición fue acogida y, tomando el nombre de Antonio, también él partió hacia Marruecos, pero la Providencia divina dispuso las cosas de otro modo. A consecuencia de una enfermedad, se vio obligado a regresar a Italia y, en 1221, participó en el famoso "Capítulo de las esteras" en Asís, donde se encontró también con san Francisco. Luego vivió durante algún tiempo totalmente retirado en un convento de Forlí, en el norte de Italia, donde el Señor lo llamó a otra misión. Por circunstancias completamente casuales, fue invitado a predicar con ocasión de una ordenación sacerdotal, y demostró que estaba dotado de tanta ciencia y elocuencia, que los superiores lo destinaron a la predicación. Comenzó así, en Italia y en Francia, una actividad apostólica tan intensa y eficaz que indujo a volver a la Iglesia a no pocas personas que se habían alejado de ella. Asimismo, fue uno de los primeros maestros de teología de los Frailes Menores, si no incluso el primero. Comenzó su enseñanza en Bolonia, con la bendición de san Francisco, el cual, reconociendo las virtudes de Antonio, le envió una breve carta que comenzaba con estas palabras: "Me agrada que enseñes teología a los frailes". Antonio sentó las bases de la teología franciscana que, cultivada por otras insignes figuras de pensadores, alcanzaría su culmen con san Buenaventura de Bagnoregio y el beato Duns Scoto.

Elegido superior provincial de los Frailes Menores del norte de Italia, continuó el ministerio de la predicación, alternándolo con las funciones de gobierno. Cuando concluyó su cargo de provincial, se retiró cerca de Padua, donde ya había estado otras veces. Apenas un año después, el 13 de junio de 1231, murió a las puertas de la ciudad. Padua, que en vida lo había acogido con afecto y veneración, le tributó para siempre honor y devoción. El propio Papa Gregorio IX, que después de haberlo escuchado predicar lo había definido "Arca del Testamento", lo canonizó apenas un año después de su muerte, en 1232, también a consecuencia de los milagros acontecidos por su intercesión.

En el último periodo de su vida, san Antonio puso por escrito dos ciclos de "Sermones", titulados respectivamente "Sermones dominicales" y "Sermones sobre los santos", destinados a los predicadores y a los profesores de los estudios teológicos de la Orden franciscana. En ellos comenta los textos de la Escritura presentados por la liturgia, utilizando la interpretación patrístico-medieval de los cuatro sentidos: el literal o histórico, el alegórico o cristológico, el tropológico o moral y el anagógico, que orienta hacia la vida eterna. Hoy se redescubre que estos sentidos son dimensiones del único sentido de la Sagrada Escritura y que la Sagrada Escritura se ha de interpretar buscando las cuatro dimensiones de su palabra. Estos sermones de san Antonio son textos teológico-homiléticos, que evocan la predicación viva, en la que san Antonio propone un verdadero itinerario de vida cristiana. La riqueza de enseñanzas espirituales contenida en los "Sermones" es tan grande, que el venerable Papa Pío XII, en 1946, proclamó a san Antonio Doctor de la Iglesia, atribuyéndole el título de "Doctor evangélico", porque en dichos escritos se pone de manifiesto la lozanía y la belleza del Evangelio; todavía hoy podemos leerlos con gran provecho espiritual.

En estos sermones, san Antonio habla de la oración como de una relación de amor, que impulsa al hombre a conversar dulcemente con el Señor, creando una alegría inefable, que suavemente envuelve al alma en oración. San Antonio nos recuerda que la oración necesita un clima de silencio que no consiste en aislarse del ruido exterior, sino que es una experiencia interior, que busca liberarse de las distracciones provocadas por las preocupaciones del alma, creando el silencio en el alma misma. Según las enseñanzas de este insigne Doctor franciscano, la oración se articula en cuatro actitudes indispensables que, en el latín de san Antonio, se definen: obsecratio, oratio, postulatio, gratiarum actio. Podríamos traducirlas así: abrir confiadamente el propio corazón a Dios; este es el primer paso del orar, no simplemente captar una palabra, sino también abrir el corazón a la presencia de Dios; luego, conversar afectuosamente con él, viéndolo presente conmigo; y después, algo muy natural, presentarle nuestras necesidades; por último, alabarlo y darle gracias.

En esta enseñanza de san Antonio sobre la oración observamos uno de los rasgos específicos de la teología franciscana, de la que fue el iniciador, a saber, el papel asignado al amor divino, que entra en la esfera de los afectos, de la voluntad, del corazón, y que también es la fuente de la que brota un conocimiento espiritual que sobrepasa todo conocimiento. De hecho, amando conocemos.

Escribe también san Antonio: "La caridad es el alma de la fe, hace que esté viva; sin el amor, la fe muere" (Sermones Dominicales et Festivi II, Messaggero, Padua 1979, p. 37).

Sólo un alma que reza puede avanzar en la vida espiritual: este es el objeto privilegiado de la predicación de san Antonio. Conoce bien los defectos de la naturaleza humana, nuestra tendencia a caer en el pecado; por eso exhorta continuamente a luchar contra la inclinación a la avidez, al orgullo, a la impureza y, en cambio, a practicar las virtudes de la pobreza, la generosidad, la humildad, la obediencia, la castidad y la pureza. A principios del siglo XIII, en el contexto del renacimiento de las ciudades y del florecimiento del comercio, crecía el número de personas insensibles a las necesidades de los pobres. Por ese motivo, san Antonio invita repetidamente a los fieles a pensar en la verdadera riqueza, la del corazón, que haciéndonos ser buenos y misericordiosos nos hace acumular tesoros para el cielo. "Oh ricos —así los exhorta— haced amigos... a los pobres, acogedlos en vuestras casas: luego serán ellos, los pobres, quienes os acogerán en los tabernáculos eternos, donde existe la belleza de la paz, la confianza de la seguridad, y la opulenta serenidad de la saciedad eterna" (ib., p. 29).

¿Acaso esta enseñanza, queridos amigos, no es muy importante también hoy, cuando la crisis financiera y los graves desequilibrios económicos empobrecen a no pocas personas, y crean condiciones de miseria? En mi encíclica Caritas in veritate recuerdo: "La economía tiene necesidad de la ética para su correcto funcionamiento; no de una ética cualquiera, sino de una ética amiga de la persona" (n. 45).

San Antonio, siguiendo la escuela de san Francisco, pone siempre a Cristo en el centro de la vida y del pensamiento, de la acción y de la predicación. Este es otro rasgo típico de la teología franciscana: el cristocentrismo. Contempla de buen grado, e invita a contemplar, los misterios de la humanidad del Señor, el hombre Jesús, de modo particular el misterio de la Natividad, Dios que se ha hecho Niño, que se ha puesto en nuestras manos: un misterio que suscita sentimientos de amor y de gratitud hacia la bondad divina.

Por una parte, la Natividad, un punto central del amor de Cristo por la humanidad, pero también la visión del Crucificado le inspira pensamientos de reconocimiento hacia Dios y de estima por la dignidad de la persona humana, para que todos, creyentes y no creyentes, puedan encontrar en el Crucificado y en su imagen un significado que enriquezca la vida. Escribe san Antonio: "Cristo, que es tu vida, está colgado delante de ti, para que tú mires en la cruz como en un espejo. Allí podrás conocer cuán mortales fueron tus heridas, que ninguna medicina habría podido curar, a no ser la de la sangre del Hijo de Dios. Si miras bien, podrás darte cuenta de cuán grandes son tu dignidad humana y tu valor... En ningún otro lugar el hombre puede comprender mejor lo que vale que mirándose en el espejo de la cruz" (Sermones Dominicales et Festivi III, pp. 213-214).

Meditando estas palabras podemos comprender mejor la importancia de la imagen del Crucifijo para nuestra cultura, para nuestro humanismo nacido de la fe cristiana. Precisamente contemplando el Crucifijo vemos, como dice san Antonio, cuán grande es la dignidad humana y el valor del hombre. En ningún otro punto se puede comprender cuánto vale el hombre, precisamente porque Dios nos hace tan importantes, nos ve así tan importantes, que para él somos dignos de su sufrimiento; así toda la dignidad humana aparece en el espejo del Crucifijo y contemplarlo es siempre fuente del reconocimiento de la dignidad humana.

Queridos amigos, que Antonio de Padua, tan venerado por los fieles, interceda por toda la Iglesia, y de modo especial por quienes se dedican a la predicación; pidamos al Señor que nos ayude a aprender un poco de este arte de san Antonio. Que los predicadores, inspirándose en su ejemplo, traten de unir una sólida y sana doctrina, una piedad sincera y fervorosa, y la eficacia en la comunicación. En este Año sacerdotal pidamos para que los sacerdotes y los diáconos desempeñen con solicitud este ministerio de anuncio y actualización de la Palabra de Dios a los fieles, sobre todo mediante las homilías litúrgicas. Que estas sean una presentación eficaz de la eterna belleza de Cristo, precisamente como san Antonio recomendaba: "Si predicas a Jesús, él ablanda los corazones duros; si lo invocas, endulzas las tentaciones amargas; si piensas en él, te ilumina el corazón; si lo lees, te sacia la mente" (Sermones Dominicales et Festivi III, p. 59).

LA SABIDURÍA DEL DESIERTO: Yo estoy muerto para este mundo...

Un anciano fue a ver a otro. Cuando estaba hablando, uno de ellos dijo: "Yo estoy muerto para este mundo." El otro hombre le dijo: "No estés tan seguro de ti hasta que no estés realmente muerto, pues aunque digas que estás muerto, Satán todavía no lo está."

Exvotos, Votive Offerings

The general name given to those things vowed or dedicated to God, or a saint, and in consequence looked upon as set apart by this act of consecration. The idea is very old (Dhorme, "Choix des textes religeux assyro-babyloniens", XXXVII, Paris, 1907; Aristotle, "Politics", VII, xii), for it springs from man's instinctive attitude towards the higher powers. He looks upon them as controlling by Providence the working of the world, and therefore addresses prayers to them. In order to make his appeal the more acceptable he offers some gift, whether on behalf of the living or the dead, to the offended deity. Hence undoubtedly springs (though with it is coupled the vague notion of the passage to the next life as a long journey) the custom of surrounding the buried dead with their most valued possessions and favourite wives (Fraser, "Pausania", II, 173; Lyall, "Asiatic Studies", II, 301). But it has also happened that the practice, based on the true theological concept of religion as a part of justice (do ut des), comes of adorning shrines with various objects of gratitude (Cicero, "De deorum natura", III, xxxvii). In this more ordinary sense of the word votive offerings can be divided into:

  • (a) things vowed to God or the saints in some trouble or crisis of life;
  • (b) things presented in gratitude for a recovery or deliverance without having been previously promised.

Naturally these votive offerings constitute an extremely varied list. The most common are those which represent the person to whom the favour has been accorded, or the thing that has benefited under the miracle, or some representation of the actual Divine interposition. Thus, for example, on the day of his marriage, Henry III of England had a golden statue of his queen made and placed on the shrine of St. Edward at Westminster (Wall, "Shrines of British Saints", 228) and a full-length figure of Duke Alessandro de' Medici was moulded in wax for the Church of the Annunziata at Florence by Benvenuto Cellini (King, "Sketches and Studies", 259). Again, the offering of a falcon in wax at the shrine of St. Wulstan by Edward I, when, by the intercession of that saint, his favourite bird had been cured (Wall, 141), and of the tail of a peacock at Evesham by an old lady whose pet had recovered through the invocation of Simon de Montfort (King, 259), are instances of the same custom. At Boulogne and elsewhere can be seen the model ships offered as ex-votos after deliverance from shipwreck, such as we read of Edward III leaving at the tomb of his father, or such as the Navicella at Rome, a copy made under Leo X of a pagan votive offering to Jupiter Redux (Hare, "Walks in Rome", I, London, 1900, 231). So, too, sometimes a wax taper of the height of the sufferer, or even of his dimensions was brought or sent to be burnt where the cure or favour was implored. Of the pictures of miracles as votive offerings there seems no end ("Archæologia", XLIX, London, 1886, 243-300); their number became at times an inconvenience (Acta SS., XIV, May, I, 354), like the numerous crutches, etc., in the grotto at Lourdes or S. Nicolà at Verona, or SS. Giovanni e Paolo at Venice. There is, moreover, the parallel of the golden boils and blains placed by Divine command within the Ark (1 Samuel 6:11).

We also read of money and valuables being offered, as the famous régale of France, which, described indifferently as a diamond and a ruby, adorned the tomb of St. Thomas Becket at Canterbury. Often also a trophy of victory (King, 256-7), the banner of a defeated foe ("Itinerarium Regis Ricardi", in "Rolls Series", I, London, 1864, 446), or his sword (1 Samuel 21:9), or even that of the victor (as Roland's at Rocamadour, or Athelstan's after Brunanburgh at the shrine of St. John of Beverley, or as the sacred Stone of Destiny offered by Edward I at the tomb of his namesake the Confessor, after his defeat of the Scotch), or some symbol of office and dignity, as the crowns presented by King Canute at Bury St. Edmunds and elsewhere, or lastly some masterpiece of literature or art, as Erasmus hung up Greek verses at the shrine of Our Lady at Walsingham ("Colloquies", II, London, 1878, 19).

Fuente: NEW ADVENT Catholic Encyclopedia

LA SABIDURÍA DEL DESIERTO

Abba Anthony dijo: "Se aproximan los tiempos en que las personas enloqueserán, y cuando vean a alguien cuerdo, lo atacarán diciendo: Estás loco porque no eres como nosotros."

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En la sección tercera "Singularidades relativas" un comentario delicioso de este extraordinario autor cristiano.

La obra de arte famosa aparece en la historia como una creación primordial, como un milagro inexplicable. Ninguna ley sociológica puede prever el día de su llegada ni valorar después su existencia. Ciertamente hay condiciones preliminares, muy importantes, sin las que esa no se puede realizar. Sin embargo, estas condiciones no son suficientes para explicar su existencia y valor. Sin duda Shakespeare tuvo predecesores, contemporáneos y toda una atmósfera teatral que favorecieron su aparición: pero esto no basta para explicar su talento. Para componer La flauta mágica Mozart tuvo ciertamente a disposición una gran cantidad de motivos y modelos vieneses e italianos, pero quién puede explicar cómo la forma primordial y única ha sido impresa en esta materia. En el mejor de los casos se puede intuir y barruntar un «kairós», pero jamás lo que concretamente da forma definitiva. Apenas surge la obra de arte famosa asume inmediatamente la dirección; ella tiene la palabra. El lenguaje único que ella habla se convierte en seguida en lenguaje común. La obra de arte famosa no se comunica con el lenguaje habitual que ya existía; sólo la nueva lengua que nace con ella es capaz de interpretarla, de autoexplicarla. Al principio los contemporáneos están aturdidos, después comprenden de improviso y hablan el nuevo lenguaje (el siglo de Goethe) como si ellos mismos lo hubieran inventado. Incluso a un niño apenas capaz de tararear las arias más simples le gusta oír La flauta mágica; el oído musical más fino y exigente no se cansa tampoco de escucharla: el recital de Pamino, el aria de Tamina y el trío de adiós son un misterio inagotable. Todavía una última observación: la obra de arte famosa es comprendida en cierto modo por todos; pero se revela tanto más profundamente cuanto más atenta y delicada es la sensibilidad de quien la contempla. No todos son capaces de gustar el sonido particular del griego de Sófocles, el alemán del Fausto o el francés de las poesías de Valéry. Sin duda las disposiciones subjetivas tienen su influencia, pero es mucho más importante la comprensión objetiva y la capacidad de distinguir lo noble de lo vulgar. Las filosofías del arte (como la de Schelling y Hegel) tratarán de proyectar en un horizonte de comprensión común las imágenes irracionales y arbitrarias y el mundo en ellas contenido, quizá -por qué no- con un éxito parcial. Pero a pesar de todo el «milagro» de una obra de arte famosa permanece siempre inexplicable.

¿POR QUÉ SOY TODAVÍA CRISTIANO?
por Hans Urs von Balthasar
Ediciones Sígueme, Salamanca, 1974

CORPUS CHRISTI


"The most important and most perfect work of Joos van Wassenhove (Justus of Ghent) by far is The Institution of the Eucharist (The Communion of the Apostles), painted for the high altar of the Brotherhood of Corpus Domini. The picture was based on a painting by Fra Angelico that Justus may have seen at St Mark's convent in Florence, in which the disciples leave the table to kneel at Christ's feet. Yet, despite this influence, the finished work shows just how far Justus's style remained purely Flemish, virtually untouched by all he had seen during his time in Italy..."

LA SABIDURÍA DEL DESIERTO: ¿Qué debo hacer?

Abba Poemen le preguntó a Abba Antonio: "¿Qué debo hacer?" El anciano le dijo: "No confíes en tu propia justicia, no te preocupes por nada una vez que fue hecho, controla tu lengua y tu estómago."