Su Santidad Juan Pablo II y el decoro de la Celebración Eucarística - Conferencia de Mons. Víctor Sánchez Espinosa

SIMPOSIO TEOLÓGICO-PASTORAL DEL XLVIII CONGRESO EUCARÍSTICO INTERNACIONAL:  EL DECORO DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA, Conferencia de Mons. Víctor Sánchez Espinosa, Obispo auxiliar de la Arquidiócesis de México.  Guadalajara, México, Viernes 8 de octubre de 2004.

Fragmento:
UNA INVITACIÓN A LA RESPONSABILIDAD


El último número del capítulo contiene una invitación a la responsabilidad, sobre todo de los sacerdotes, que deben dar: “un testimonio y un servicio de comunión, no sólo a la comunidad que participa directamente en la celebración, sino también a la Iglesia universal, a la cual la Eucaristía hace siempre referencia” (n. 52).

Del decoro y dignidad que se debe a la Eucaristía deduce el Papa la necesidad de respetar la normativa que en cada tiempo establece la Iglesia para esta celebración, consciente de su importancia (nn. 49 y 52). Seguir estas normas no significa legalismo ni falta de personalidad. No sería bueno continuar con el “formalismo” exagerado, pero tampoco lo es caer en el extremo opuesto, llegando a la creatividad caprichosa y a la banalidad. Celebrar bien es mostrar nuestro amor a Cristo, a la Iglesia y a la comunidad concreta que presidimos (n. 52).

Si el Papa habla de estas normas, no es ciertamente por legalismo, sino porque con ellas la Iglesia quiere asegurar un mínimo de tratamiento digno del Misterio que celebramos.

La fidelidad a las normas litúrgicas, viene a decir el Papa, es una señal de “auténtica eclesialidad” en la celebración eucarística. Se trata, una vez más, de mantener la dignidad y el honor de la Eucaristía, comprometidos seriamente por los abusos que se dan y que obscurecen la recta fe sobre este sacramento (cf n. 10), y por las “innovaciones no autorizadas y con frecuencia del todo inconvenientes” (n. 52). Obviamente, no todos los abusos e innovaciones tienen la misma gravedad.

Pero es necesaria también la fidelidad en lo que parece menos importante: “El sacerdote que celebra fielmente la Misa según las normas litúrgicas y la comunidad que se adecua a ellas, demuestran de manera silenciosa pero elocuente su amor por la Iglesia” (n. 52). A este respecto anuncia la publicación de la futura Instrucción Redemptionis Sacramentum (25 de marzo 2004).

Esta llamada de atención del Papa se apoya en una idea varias veces repetida en la Encíclica: “el Misterio confiado a nuestras manos… es demasiado grande para que alguien pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría ni su carácter sagrado ni su dimensión universal” (n. 52, cf nn. 10, 51).

No es extraño, conociendo el amor que el Papa siente a este Sacramento, que varias veces muestre el dolor que le producen ciertos abusos y desviaciones que se dan en la celebración. Como cuando afirma que “no faltan sombras”, “abusos que contribuyen a oscurecer la recta fe y la doctrina católica sobre este admirable Sacramento”, “una comprensión muy limitada del Misterio eucarístico” (n. 10).

Todo eso, dice él, le produce un “profundo dolor”, y afirma con convicción: “La Eucaristía es un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones”, y él quisiera, con esta Encíclica, “disipar las sombras de doctrinas y prácticas no aceptables” (n. 10).

No hay comentarios:

Publicar un comentario