En Acción en Gracias... San Francisco de Sales, el Amabilísimo Padre

Padre Amable, ruega por nosotros, no abandones nunca a estos hijos tuyos que acudimos desesperados a tus plantas agobiados por nuestras miserias y los ataques del enemigo; consíguenos del Sacratísimo Corazón lo que tú mismo obtuviste de Él:  mansedumbre y humildad


EN LAS FUENTES DE LA ALEGRÍA - SAN FRANCISCO DE SALES
(Recopilación y engarce de textos por el canónigo F.Vidal) 

Capítulo 6, HUMILDAD Y DULZURA CON EL PRÓJIMO

La flor de la caridad
«Procurad adquirir la suavidad de corazón para con el prójimo».
En su Introducción a la vida devota san Francisco de Sales trata sobre «la dulzura para con el prójimo», que él llama «la flor de la caridad».
En efecto, «el que es dulce -escribe en una de sus cartas- no ofende a nadie y soporta y aguanta de buen grado a los que le hacen mal. El que es dulce sufre con paciencia los golpes y no devuelve mal por mal. El que es dulce no se turba jamás, sino que impregna todas sus palabras en la humildad y vence el mal con el bien».

No nos cansemos de contemplar y de escuchar a aquél que es, de entre todos los santos, el que más se ha empeñado en reproducir la mansedumbre y la benignidad de Cristo. Su ejemplo y sus enseñanzas serán para nosotros una luz benéfica. Lo mismo si vemos cómo acoge san Francisco de Sales a la gente en su obispado, que si leemos su correspondencia, admiraremos la dulzura amable y paciente, siempre igual, para con todos. Adquirida a costa de un prolongado esfuerzo, y cuidada con esmero, como una gran virtud, se alimenta de la caridad de este obispo de tan gran corazón. Delicada y alegre, indulgente y compasiva, no abdica nunca de su firmeza. Si la practicamos, nos conducirá muy lejos en el camino de la santidad, mediante el enunciamiento escondido bajo el velo de una sonrisa...

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