De cómo conservar la santa tranquilidad de corazón - Los consejos de San Francisco de Sales

Para comprender el valor que San Francisco de Sales da a la paz, nos basta con leer estas líneas, que escribió a una de sus dirigidas:

«Vuestra querida alma va bien, puesto que desea avanzar en el santo amor de nuestro Señor... y como el amor sólo habita en la paz, tened mucho cuidado de conservar la santa tranquilidad de corazón que tantas veces os he recomendado. ¡Qué felices somos, querida Hermana, de tener contratiempos, penas y sinsabores! Porque son los caminos del cielo, con tal de que se los consagremos a Dios».

Pero para avanzar por estos «caminos del cielo», nosotros, que estamos pegados a la tierra, tenemos que practicar ciertas «virtudes pequeñas», propias de nuestra pequeñez, pues, como dice el refrán, a vendedor pobre, cesto pequeño'. Estas son las virtudes que se practican más bien bajando que subiendo, y por eso se adaptan mejor a nuestras piernas: la paciencia, el aguantar al prójimo, el servicio, la humildad, la dulzura, la afabilidad, la tolerancia de nuestra imperfección». Observemos que en esta lista, la paciencia está colocada en primer lugar; y todas las «pequeñas virtudes» que la acompañan, la suponen y se apoyan en ella. Tenemos, pues, que ejercitarnos en ser pacientes para conservar la paz entre la multitud de nuestros quehaceres.

Es un continuo martirio el de la multitud de ocupaciones. Así como las moscas molestan a los que viajan en verano mucho más que el propio viaje, la diversidad y multitud de asuntos son más molestos que los mismos asuntos.

«Tenéis mucha necesidad de paciencia, y espero que Dios os la concederá si se la pedís con constancia y os esforzáis por practicarla fielmente, preparándoos cada mañana mediante un punto especial de vuestra meditación y tomando con empeño el recordar este consejo a lo largo del día, tantas veces como se os haya olvidado».

Y continúa:

«No perdáis la menor ocasión de ejercitar la dulzura con todos».

Y es que la dulzura de corazón tiene que impregnar nuestra paciencia. Ésa es una de las más urgentes recomendaciones de san Francisco de Sales:

«Hay que ser animoso y perseverante en dulzura y paciencia», escribe.

«Cuidad mucho la dulzura. No os digo que améis lo que debéis amar porque sé que lo hacéis. Pero sí os digo que seáis equilibrada, paciente y dulce. Y que reprimáis las salidas de tono de vuestro carácter, demasiado vivo y ardiente»

También hay que dominar el carácter, para conseguir, al precio de un largo esfuerzo, la dulzura serena y apacible.En forma indirecta se dirige san Francisco de Sales a la abadesa de Port-Royal, Angélica Ar-nauld, cuando escribe:

«Su prontitud natural es la causa de todos sus males, porque ella misma estimula su vivacidad y ésta estimula su prontitud. Decidle de mi parte que su mayor cuidado ha de ponerlo en ser sencilla, dulce y tranquila, y para ello debe hacer todos sus actos exteriores con más sosiego: su porte, su paso, sus ademanes, sus manos e incluso su lengua y sus palabras. Y que no le choque no conseguirlo en un instante. Para domesticar a un caballo y que aprenda el paso y admita la brida y la montura, hacen falta años».

San Francisco de Sales sonríe ante nuestra impaciencia por alcanzar la perfección después de haber leído libros que nos animan a ello.«La Introducción a la vida devota es una obra muy agradable y muy indicada para vos, queridísima hija. Lo que os perturba es que querríais ser de golpe como ella enseña. Sin embargo, la misma Introducción os dice que ajustar vuestra vida a esas enseñanzas no es cosa de un día sino de toda nuestra vida, y que no nos asombremos en absoluto de las imperfecciones en que caigamos mientras estemos empeñados en esta empresa. Hija mía, la devoción no es algo que se consigue a fuerza de brazos; claro que hay que poner mucho esfuerzo, pero lo más importante depende de nuestra confianza en Dios; hay que esforzarse sencillamente pero con cuidado».

Sí, la confianza en Dios será la que siempre sostenga y fecunde nuestro esfuerzo sosegado y paciente. Y el Santo se llena de gozo cuando encuentra un alma «enteramente dedicada al amor de Dios», y la anima a cultivar el espíritu de dulzura, de suavidad y de paz.

«Mucho me contenta saber que vuestra alma está totalmente dedicada al amor de Dios y que deseáis avanzar en él poco a poco con toda clase de santos ejercicios. Pero os recomiendo, sobre todo, el de la santa dulzura y suavidad en las ocasiones que tantas veces os presenta esta vida. Permaneced tranquila y serena con nuestro Señor en vuestro corazón».

Para esto, la multitud de molestias y dificultades nos es muy provechosa, porque nos ejercita en soportar todo dulcemente, bajo la mirada de Dios y por amor a Él.

«La multitud de molestias que os proporcionan los quehaceres de vuestra casa... os servirán muchísimo para hacer virtuosa vuestra alma, si os esforzáis por sobrellevar todo con espíritu de dulzura, paciencia y mansedumbre. Que vuestro corazón esté bien preparado para todo esto y pensad a menudo que Dios os está mirando con ojos de amor cuando os acosan las dificultades y preocupaciones, para ver si las lleváis según su beneplácito. Por tanto, aprovechad bien esas ocasiones, practicando su amor; y si alguna vez os impacientáis, no os desaniméis, sino volveos inmediatamente a la dulzura. Bendecid a los que os afligen y Dios os bendecirá, mi querida hija».

Y si la prueba parece demasiado pesada y nuestra paciencia se acaba, contemplemos a Cristo en los sufrimientos de su vida mortal y sentiremos una gran paz.

«La verdad es, queridísima hija, que nada nos puede dar una tranquilidad más profunda en este mundo que contemplar a nuestro Señor en todos los sufrimientos que padeció desde su nacimientó hasta su muerte; veremos en ellos tantos desprecios, calumnias, pobreza e indigencia, humillaciones, penas, tormentos, desnudez, injurias y toda clase de amarguras, que en su comparación comprenderemos que hacemos mal en llamar aflicciones, penas y contradicciones a las pequeñas contrariedades que nos salen al paso, y que no hay motivo para desear la paciencia por tan poca cosa, ya que para sobrellevar todo lo que nos pasa bastaría un poco de moderación».
Enviado desde mi BlackBerry de Claro Panamá

No hay comentarios:

Publicar un comentario