De San Francisco de Sales: "Antes que el gallo cante, me habrás negado tres veces"

San Pedro, uno de los apóstoles, se hizo culpable ante el Señor porque negaba conocerle, y no sólo esto, lo maldecía, blasfemaba, asegurando que no sabía de quien le hablaban. (Mt 26,69) ¡Qué golpe para el corazón de Nuestro Señor! ¡Ah, pobre Pedro, qué dices y qué haces! ¡No sabes quién es, aquel que te llamó en persona para que fueras su apóstol, tú que habías confesado que Él era el Hijo de Dios vivo. (Mt 16,18) ¡Ah, miserable hombre, cómo te atreves a decir que no sabes quién es! ¿No es aquel que hace poco estaba delante de ti para lavarte los pies, que te alimentó con su cuerpo y su sangre?
¡Que nadie presuma de sus buenas obras, ni piense que no tiene nada que temer, ya que San Pedro que había recibido tantas gracias y había prometido acompañar al Señor a la prisión y a la muerte, lo negó ante la simple insinuación de una sirvienta!
San Pedro, oyendo cantar el gallo, se acordó de lo que había hecho y lo que le había dicho su buen Maestro. Y reconociendo su falta, salió y lloró amargamente y recibió el perdón de todos sus pecados. ¡Oh, bienaventurado Pedro, por esta contrición, recibiste el perdón general de tu gran deslealtad al Señor!...Sé que fueron las miradas sagradas de Nuestro Señor que penetraron tu corazón y te abrieron los ojos para reconocer tu pecado... Desde entonces, no dejó de llorar, principalmente cuando oía cantar al gallo por la noche y en la madrugada... De esta manera, Pedro se convirtió de gran pecador, en un gran santo.

Obras Completas, t. 10, p. 374 (En el libro de los cuatro amores, Desclée 1964, p.234; francés modernizado)
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Mater Dolorosa (Beniger)

Dolorosa de pie junto a la cruz...
(Tomado de Holy Card Heaven blog)
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"Llega la hora en que los muertos escucharán la voz del Hijo de Dios" San Agustín, Sermón 98

"¡Despierta, tú que duermes; levántate de entre los muertos, y Cristo será tu luz! (Ef 5,14). Comprende de qué muertos se trata cuando oyes decir: "¡Levántate de entre los muertos! Incluso de muertos visibles se dice, a menudo, que duermen; y, verdaderamente, todos duermen por aquél que los puede despertar. Para ti, un muerto está bien muerto: por mucho que lo golpees, lo sacudas, no se despierta. Pero para Cristo sólo estaba dormido aquel a quien ordenó: "¡Levántate! y, al instante, se levantó (Lc 7,14). Es fácil despertar a uno que duerme en su cama; pero con mayor facilidad aun, Cristo despierta a un muerto enterrado... "Señor, ya huele mal porque lleva cuatro días (Jn 11,39). Pero llega el Señor a quien todo le resulta fácil. Frente a la voz del Salvador no hay ataduras que no cedan; los poderes infernales tiemblan y Lázaro sale vivo... Por la voluntad vivificante de Cristo, incluso los que ya hace tiempo que murieron, no están más que dormidos.
Pero Lázaro, una vez salido del sepulcro, era todavía incapaz de caminar. Por eso el Señor ordenó a sus discípulos: "Desatadle y dejadlo marchar. Cristo lo había resucitado; ellos lo liberaron de sus ataduras. Fijaos en lo que hace el Señor para que alguien vuelva a la vida: habiendo sido esclavo de la costumbre, escucha las exhortaciones de la Palabra divina... Los pecadores, vivamente amonestados, entran dentro de sí mismos, comienzan a repasar su vida y al sentir el peso de las cadenas de sus malas costumbres, deciden cambiar su forma de vida: ¡vedlos ya resucitados! Pero, aunque están ya vivos, todavía no pueden caminar; es preciso que se liberen de sus ataduras; este es el trabajo de los apóstoles: "Lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo (Mt 18,18).
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