Santa Faustina Kowalska ¿No dejará a las noventa y nueve para ir en busca de la oveja perdida?

La espera del alma a la venida del Señor No sé, oh Señor, a qué hora vendrás, Por eso vigilo continuamente y presto atención, Yo, Tu esposa por Ti escogida, Porque sé que Te gusta venir inadvertidamente, Pero el corazón puro desde lejos Te sentirá, Señor. Te espero, Señor, entre la quietud y el silencio, Con gran añoranza en el corazón, Con un deseo irresistible. Siento que mi amor hacia ti se vuelve fuego Y como una llama ascenderá al cielo al final de la vida Y entonces se realizarán todos mis deseos. Ven ya, mi dulcísimo Señor, Y lleva mi corazón sediento Allí, donde estás Tú, a las regiones excelsas del cielo, Donde Tu vida dura eternamente. La vida en la tierra es una agonía continua, Mientras mi corazón siente que está creado para grandes alturas, Y no lo atraen nada las llanuras de esta vida, Porque mi patria es el cielo. Ésta es mi fe inquebrantable.

Diario, § 1589

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